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Emociones

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Psicología de las emociones. La psicología de las emociones es una rama de la psicología que estudia el origen, la función y la regulación de las emociones en el ser humano. Analiza cómo las personas experimentan, expresan y comprenden sus emociones, así como la influencia que estas tienen en el pensamiento, la personalidad y las relaciones sociales. Desde este enfoque, las emociones se entienden como procesos psicológicos fundamentales que ayudan al individuo a adaptarse a su entorno y a tomar decisiones en la vida cotidiana.

La emoción se definiría como un proceso psicológico complejo que implica una respuesta del organismo ante ciertos estímulos internos o externos. Esta respuesta integra componentes fisiológicoscognitivos y conductuales, que permiten a la persona evaluar la situación, experimentar un estado afectivo y actuar en consecuencia. Las emociones cumplen una función adaptativa, ya que facilitan la supervivencia, la comunicación y la regulación del comportamiento en distintos contextos.

  • La neurobiología explica las emociones como el resultado de procesos cerebrales y fisiológicos que involucran estructuras como el sistema límbico, la amígdala y la corteza prefrontal. Este enfoque destaca el papel de los neurotransmisores, las hormonas y la actividad neuronal en la generación y regulación de las emociones. Las emociones se consideran mecanismos biológicos fundamentales que permiten al organismo adaptarse al entorno y responder de manera rápida y eficaz a situaciones relevantes.
  • Desde un enfoque conductista, las emociones se entienden principalmente como respuestas observables aprendidas a través de la interacción con el entorno. No se centran en la experiencia subjetiva interna, sino en las conductas emocionales que pueden ser medidas y modificadas mediante procesos de condicionamiento y refuerzo. Así, las emociones influyen en la conducta en función de los estímulos que las provocan y de las consecuencias que siguen a dichas respuestas.
  • La psicología humanista, las emociones son una manifestación legítimas y valiosas de la experiencia personal. Son esenciales para el crecimiento y la autorrealización del individuo. Reconocer, aceptar y expresar adecuadamente las emociones favorece el desarrollo del autoconcepto, la autenticidad y las relaciones interpersonales saludables. Autores como Carl Rogers destacan que un clima de aceptación y comprensión emocional permite a la persona desarrollar su potencial y avanzar hacia una vida más plena y consciente. De manera similar, para la psicología existencial, las emociones son experiencias fundamentales que revelan el modo en que la persona se relaciona consigo misma, con los demás y con el sentido de su propia existencia. La angustia, la culpa o la esperanza no se consideran síntomas a eliminar, sino señales significativas que expresan la libertad, la responsabilidad y la búsqueda de sentido del individuo. Así, las emociones permiten comprender la vivencia subjetiva de la persona y su manera única de afrontar las decisiones y los desafíos de la vida.

Definición y tipos

  • Las emociones son siempre subjetivas
  • ¿Qué grado de introspección cabe tenerse? ¿Depende de nuestro vocabulario? ¿Es suficiente? ¿Cómo lo hemos aprendido?
  • No podemos sentirlas pasivamente debemos conocerlas y entenderlas
  • Presentan un grado o intensidad.
  • Primarias vs. Complejas (por W. McDougall: las primeras como cólera o miedo soon irreductibles; las segundas, como envidia o admiración podrían descomponerse en otras más simples)

Las emociones son siempre subjetivas, ya que forman parte de la experiencia interna de cada individuo y se viven de manera personal, aunque puedan manifestarse externamente mediante la conducta o la expresión corporal. El grado de introspección emocional que una persona puede alcanzar depende en gran medida de su capacidad para observar y reflexionar sobre sus propios estados internos, lo cual está estrechamente relacionado con el lenguaje emocional del que dispone. Un vocabulario emocional amplio facilita identificar, diferenciar y comprender mejor lo que se siente, mientras que un lenguaje limitado puede empobrecer esa comprensión. Esta capacidad introspectiva no es innata en su totalidad, sino que se aprende y desarrolla a través de la socialización, la educación y la experiencia personal, lo que plantea el debate sobre si nuestra comprensión emocional es siempre suficiente o está condicionada por los recursos cognitivos y culturales de los que disponemos.

Tipología. Una emoción es un estado de alteración afectiva, originado normalmente por una situación que amenaza o frustra al sujeto, o lo excita, y que se manifiesta somáticamente por cambios glandulares y de la musculatura, por alteraciones conductuales y por cambios neurofisiológicos y endocrinos considerables. Supone agitación del ánimo acompañada de fuerte conmoción somática.

Se distingue de los sentimientos en que es clara su manifestación a nivel somático y en que afectan de una manera mucho más fuerte al alma, a la mente o al espíritu. Por ello, se considera muy unida al concepto de 'pasión'.

Entre sentimiento, emoción y pasión existen diferencias. Por un lado, a nivel de cantidad y según el grado de intensidad. Se ha dicho que las pasiones son más fuertes que los sentimientos y las emociones. Mientras el sentimiento es vago y prolongado en su duración, la emoción es algo crónico, que no dura casi nada, se evapora enseguida. La pasión tiene una viveza mayor y es perdurable. Pero hay algo que mantiene separadas al resto de las emociones de lo que es la pasión. Se trata de que, mientras las primeras se manifiestan de una forma puramente caótica, las pasiones se encuentran ordenadas, son más sistematizadas y profundas.

Una característica de las emociones frente a, por ejemplo, los estados de ánimo, es que siempre están dirigidas a un objeto. No obstante, los objetos de las emociones parecen ser muy variados: algunas emociones tienen objetos proposicionales (miedo de que lo ataque ese perro rabioso); otras tienen objetos específicos pero aparentemente no proposicionales (ama a Laura); otras, en cambio, están dirigidas, al parecer, a clases de objetos, situaciones o actividades (amor a los animales, miedo a las alturas, orgullo de ser un buen profesor).

La emoción incluye una percepción fuerte de un ámbito de la realidad que afecta de forma profunda el nivel fisiológico que la sufre y le ocasiona una fuerte agitación del ánimo. Según Darwin, las emociones son ímecanismos innatos de adaptación para manejarse en el entornoî.

La emoción se manifiesta en una serie de cambios fisiológicos y alteraciones que se utilizan para medirla y compararla. En el caso de la emoción, las bases biológicas dicen más que el medio social y cultural a travÈs del cual se puedan interiorizar determinadas pautas de comportamiento. Así, podemos observar expresiones emocionales en personas sordas y ciegas de nacimientos.

Se pueden distinguir estructuralmente tres diferentes aspectos en las emociones. En primer lugar, el propiamente emotivo o fenomenológico. Las emociones tienen aspectos cualitativos o modales, que probablemente están relacionados con la química del cerebro. El sistema emotivo parece estar encargado de la función de hacer que algunos objetos, propiedades o sucesos sean especialmente resaltados. Las emociones sirven de filtros detectores de intereses y peligros (externos e internos), así como de la consecución de objetivos intermedios. En tercer lugar está el aspecto ligado al control de la conducta. Aunque las emociones tienen una dimensión interna resaltada por los aspectos anteriores, su principal función biológica está ligada al control de la conducta.

Funciones. Las emociones son sistemas de control de la información procesada por un sistema cognitivo que debe atender a intereses múltiples y complejos en un medio ambiente incierto, donde la obtención de información es un proceso lento y costoso. Nuestro sistema deberá tener ciertas disposiciones o capacidades para seleccionar o sintonizar los estados externos o internos relevantes para esos intereses. La función de ese sistema de detección es indicar que se tiene que hacer algo y quÈ es lo que habría que hacer. Con este objetivo se activa un pequeño repertorio de esquemas de acción posibles. En los animales sociales, las emociones cumplen la función añadida de servir de ajuste entre la conducta cooperativa o competitiva de los otros, puesto que la cooperación hace necesario coordinar planes y acciones situadas.

  • Respecto a la racionalidad, son sistemas que cubren las lagunas de la racionalidad imperfecta al servir como filtros de información de un sistema de recursos limitados. Parten el mundo en categorías muy simples de sucesos y activan acciones que cubren muchos intereses. Forman parte, pues, del mismo sistema que la racionalidad. Eso no las convierte en necesariamente racionales.

Componentes básicos. Una preocupación de algunos filósofos a lo largo de la historia ha sido la de determinar cuáles son los componentes o aspectos básicos de las emociones. Se las ha visto como sentimientos o sensaciones, como alteraciones fisiológicas, como disposiciones a actuar, como juicios, como evaluaciones o como compuestos de algunos de estos elementos. De las teorías que históricamente fueron influyentes hay que resaltar aquellas que consideraban las emociones como sensaciones o sentimientos. Esta tesis, que afirma que las emociones son esencialmente algo que sentimos, se encuentra frecuentemente unida a otra tesis que sostiene que las emociones son sensaciones que nos invaden, que padecemos, son hechos brutos e incontrolables por la razón frente a los cuales somos pasivos y que, en ocasiones, nos impiden llevar a cabo nuestras mejores intenciones. Lo que según esta tesis distingue a las diferentes emociones son las sensaciones características de cada una de ellas y que se conocen esencialmente por introspección. Estas teorías son, por lo general, teorías causales pues, si las emociones son sensaciones o sentimientos simples e inanalizables, es importante estudiar sus orígenes causales y sus efectos sobre el comportamiento.

Ahora bien, la tesis de que las emociones son sensaciones tiene varios problemas, entre los cuales se encuentran los siguientes:

  1. Va en contra de la idea de que uno puede estar en cierto estado emocional sin darse cuenta de que lo está, dado que uno no puede tener sensaciones o sentimientos sin saberlo. Podemos creernos emocionalmente fríos y sin embargo tener odios, resentimientos, miedos y otras emociones. En efecto, puede llegar a ser un verdadero descubrimiento aceptar que tenemos una emoción que se muestra en nuestras acciones y que sirve para explicarlas, a pesar de que nosotros mismos lo hemos ignorado.
  2. Las emociones son muchas veces motivos o razones de acciones intencionales, mientras que una sensación, por sí misma, no puede ser una razón para actuar si no está conectada con deseos y otras creencias. Una sensación por sí misma no produce deseos; lo que cause dependerá de cuál sea la actitud que tenga un sujeto hacia ella, esto es, dependerá ñentre otras cosasñ de que tener calor le guste, le disguste o le deje indiferente y tambiÈn de otros de sus deseos y creencias.
  3. Esta teoría no nos permitiría separar lo que comúnmente entendemos por emociones, esto es, un estado dirigido hacia un objeto, de otros estados que no lo son. Si las emociones son sensaciones o, como se ha sostenido frecuentemente, experiencias de alteraciones fisiológicas øcómo distinguir entre sensaciones causadas por una emoción dirigida a un objeto y sensaciones similares causadas por la ingestión de drogas o por enfermedad?
  4. Una teoría general de las emociones como sensaciones sería incompatible con lo que se dice comúnmente acerca de casos específicos de emociones. Con frecuencia juzgamos una emoción determinada como razonable, irracional, justificada, injustificada, apropiada o inapropiada. Sin embargo, este tipo de calificativos en casos particulares no tendría sentidos si las emociones fuesen sólo sentimientos o sensaciones. øQuÈ sentido tendría preguntar acerca de un dolor si es razonable o no razonable?

Tipología general. En psicología, las emociones suelen clasificarse según distintos criterios, pero una clasificación ampliamente aceptadadistingue entre:

  1. Emociones básicas o primarias: Son universales, innatas y reconocibles en todas las culturas. Incluyen alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y disgusto. Su función principal es la adaptación rápida a situaciones relevantes para la supervivencia.
  2. Emociones secundarias o complejas: Surgen de la combinación de emociones básicas y dependen de factores sociales, culturales y cognitivos. Ejemplos son la vergüenza, los celos, el orgullo o la culpa. Requieren autoconciencia y evaluación del contexto social.
  3. Emociones positivas y negativas: Se clasifican según su valencia afectiva. Las positivas generan bienestar y motivación (como la gratitud o la esperanza), mientras que las negativas suelen señalar conflictos o amenazas y movilizar estrategias de afrontamiento (como el miedo o la ira).
  4. Emociones transitorias y emociones duraderas: Las primeras son momentáneas y reactivas ante un estímulo, mientras que las segundas forman parte de un estado afectivo prolongado, como la tristeza crónica o el entusiasmo sostenido.
Tipo de emoción Descripción Ejemplos
Básicas o primarias Universales, innatas y reconocibles en todas las culturas; adaptativas. Alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa, disgusto
Secundarias o complejas Combinan emociones básicas y dependen de la cultura y la autoconciencia. Vergüenza, culpa, orgullo, celos
Positivas y negativas Clasificación según valencia afectiva: generan bienestar o señal de conflicto. Positivas: gratitud, esperanza. Negativas: miedo, ira
Transitorias y duraderas Según la duración: momentáneas y reactivas o prolongadas y persistentes. Transitorias: susto, alegría breve. Duraderas: tristeza prolongada, entusiasmo sostenido

Sentimientos, estados de ánimo, emociones y pasiones

En principio, su orígen se situaría en el temperamento o personalidad del sujeto, aunque se podría considerar que es activado cuando el sujeto se encuentra en una determinada situación objetiva. Aquí también pueden entrar en juego elementos como la imaginación y el pensamiento, y en definitiva, conteidos y valores culturales. Tienen un carácter más intencional: la emoción de conciencia emocionada ‘de algo’, y así lo puede declarar el propio sujeto al hablar sobre su emoción. Ese algo puede ser un determinado acontecimiento real o previsible (por ejemplo, miedo de que ‘ese perro rabioso me ataque’); o puede ser sin más un objeto concreto (amo a ‘Beverly’); o puede ser un tipo de objetos, situaciones o actividades (amor a ‘los animales’, miedo a ‘las alturas’, orgullo de ‘ser un buen profesor’). Están más débilmente conectadas con conductas y estados fisiológicos del cuerpo. Aparecen conectadas con conductas que adopta el sujeto y estados fisiológicos de su cuerpo. La noción de pasión simplemente intensifica determinadas características de las emociones; se entiende como más prolongada en el tiempo, y con un carácter más inercial, arrastrando al sujeto a determinadas conductas, y como algo incontenible por la voluntad del sujeto, y con un mayor grado de ‘obsesión’ por un determinado objeto intencional (por ejemplo, Moby Dick para Ahab).

Afectividad. El tema de la afectividad adquiere importancia desde la filosofía del XVIII. Tetens escribe sobre la afectividad y los sentimientos:“El sentimiento es algo de lo que solamente sé que consiste en un cambio que se opera en mí, y no se refiere a un objeto exterior”. Kant, que había recibido la influencia de Tetens en éste aspecto, escribe en la Crítica del juicio:

“Aquello subjetivo de toda representación que no puede considerarse un conocimiento, es el placer o desagrado que va unido a ella, pues si bien puede ser efecto de un conocimiento, mediante ello no conozco nada sobre el objeto de la representación”.

La afectividad quedaba así ligada a la constatación introspectiva de cambios en uno mismo marcados por aspectos de placer-dolor. Es un área funcional al margen de las capacidades intelectuales, aunque exista relación entre ambas.

El conjunto de funciones psíquicas que el lenguaje coloquial asocia al ícorazónî es el responsable de la vida afectiva. Se expresa con el tÈrmino afectividad el conjunto de emociones, sentimientos y pasiones que los sujetos experimentan interiormente ante los sucesos o pensamientos que acaecen durante su vida.

Los afectos se caracterizan por una serie de rasgos generales, comunes a todos ellos:

  • Son de naturaleza subjetiva, puesto que se viven personal e intransferiblemente. Por ese motivo resulta difícil comunicarlos a los demás.
  • Oscilan generalmente entre dos polos opuestos. Según su naturaleza, pueden moverse entre la alegría y la pena, la atracción y el rechazo, o el placer y el displacer.
  • Su manifestación externa se plasma en el estado de ánimo de un individuo, que vendría a ser como la estructura general donde se integra la totalidad de los afectos. Así, por ejemplo, si en un momento concreto de su vida el afecto dominante es el amor, su estado de ánimo reflejará alegría, optimismo y entusiasmo. Si, al contrario, el amor no es correspondido, mostrará decaimiento, pesimismo y melancolía.
  • Casi todos los sucesos provocan una respuesta afectiva en los seres humanos. A diferencia de otras funciones psíquicas que son vividas menos personalmente, los afectos suelen dejar huellas profundas en el psiquismo, puesto que su incidencia sobre la vida cotidiana es determinante. Así se explica que los afectos positivos perduren en la memoria, siendo difícil su olvido. En cambio, los que provocaron frustración en su origen tienden a relegarse al inconsciente o a sufrir grandes modificaciones por la acción de los mecanismos de defensa.

El afecto determina la actitud general, ya sea de rechazo, de aceptación, de huida, de lucha o de indiferencia ante una persona, un acontecimiento o una idea. En los seres humanos los afectos condicionan sus relaciones interpersonales, ya que siguiendo su dictado establecemos relaciones de amistad, simpatía, desapego u hostilidad con las personas que nos rodean.

Sentimientos. De las sensaciones que experimentamos, algunas de ellas son sentimientos. Son tipos de emociones que parten de lo que percibimos. Por eso están mezclados con sensaciones y se basan en ellas, pero se desligan de lo perceptivo para tienen una estructura propia. Para el filósofo Bergson, los sentimiento son modos específicos de sentir, pero están referidos a la unidad del yo o persona como un núcleo centralizado, brotan, en su mayoría, de lo más hondo del ser personal.

En psicología, se entiende que los sentimientos son estados de ánimo referidos a valores culturales. Siempre se encuentran disfrazados de formas superiores que los hacen más plausibles que las emociones dentro del ámbito social en que vivimos. Si los comparamos con las emociones, los sentimientos son más dÈbiles, más suaves y más duraderos y continuados que ellas. Las emociones son más instantáneas, repentinas y fugaces. Estos se encuentran menos relacionados con la conducta motora que las emociones. Se refieren al pensamiento y a la imaginación mucho más que las emociones. Al tener menos relación con el cuerpo, su fundamento es más desconocido que el de las emociones. Son vividos como agradables o desagradables.

  • Sentimientos sensibles. Según Max Scheler, los sentimientos más íntimamente relacionados con la sensibilidad serían los llamados elementales o sensibles. Por ello, son los que más próximos se encuentran de las emociones. Estos se encuentran extendidos o localizados en determinadas partes del cuerpo, el dolor, el placer, el hormigueo, etc.
  • Sentimientos vitales. También están muy relacionados con las emociones. Son, por ejemplo, el sentimiento de bienestar, malestar, de salud o de enfermedad, de vida ascendente o descendente, etc. Todos estos son muy difíciles de localizar porque se relacionan de un modo más indirecto con el ámbito de la sensibilidad.
  • Sentimientos psíquicos o 'anímicos'. Entre ellos se incluyen la tristeza, la alegría, la melancolía. Estos se caracterizan por ser más claramente intencionales que los otros y su dependencia de la voluntad es mayor que en los casos anteriores.
  • Sentimientos espirituales. Como la felicidad, la beatitud, la desesperación, el remordimiento, la paz y la serenidad de alma. En ellos, la persona no se entrega a nada ajeno, sino que constituye su valor y fundamento y se encuentra consigo misma en cada una de estas manifestaciones.

Young, por el contrario, habla de sentimientos simples (de agrado y desagrado), sentimientos orgánicos negativos y positivos (hambre, sed, alivio por aplacar la sed o el sexo, etc.), sentimientos de actividad (aburrimiento, enojo, entusiasmo, etc.) y sentimientos de actitudes sociales (estÈtico, moral, de respecto, de educación, Ö). Messer los clasifica en materiales y espirituales. Los primeros no se llaman así porque tengan que ver con alguna realidad material, los llama así porque se refieren a intereses personales y son más objetivos y más delimitados que los formales. En ellos incluye, por ejemplo, el honor, la vanidad, la confianza y el amor. En los segundos está el Èxito, la esperanza, el desengaño, la duda, etc.

La conducta emotiva. La psicología se ha centrado en las emociones, más que en afectos difusas (que en todo caso estudiaría la psicología de la personalidad). La emoción sería, ante todo, una experiencia consciente del sujeto, que se corresponde con un objeto, con una causa asociada que somos capaces de identificar, así como un amplio elenco de conductas y reacciones fisiológicas que acompañan a esas emociones. Un determinado estado emocional se puede considerar como motivo de unas determinadas acciones del sujeto.

En la polémica sobre cómo establecer una clasificación de las emociones, algunos autores apuestan por utilizar las reacciones fisiológicas como criterio discriminativo, y ya veremos las serias dificultades a las que se enfrenta ésta postura; por eso, otros muchos autores prefieren discriminar las emociones en términos de las conductas características que pueden acompañarlas. Por poner algunos ejemplos: la conducta de huida provocada por el miedo, la agresión provocada por la cólera, las caricias emanadas del amor.

Kofka. Kofka intentó sistematizar el estudio de las emociones distinguiendo cuatro emociones primarias , correlacionadas con cuatro tipos fundamentales de conducta o acción:

Emociones primarias Movimientos
Codicia (apropiación)<br>Cólera<br>Miedo<br>Amor Ingestión<br>Eyección (rechazo)<br>Alejamiento<br>Aproximación

Pero no está claro que se puedan fácilmente discriminar las emociones en función de las supuestas conductas a las que dan lugar; por ejemplo, podemos pensar que un indicio de la emoción ‘tristeza’ pueden ser las lágrimas, pero todo el mundo sabe que se puede llorar de alegría; o el miedo: hablamos de huir, pero también hay miedos paralizantes. Además, tampoco hay que descartar aquí la posibilidad de que el sujeto intervenga voluntariamente controlando sus conductas emotivas, lo que podría dar lugar a la paradoja del superestoico: supongamos un superestoico capaz de controlar, por ejemplo, su conducta emotiva de miedo: ¿declararemos que ese sujeto en realidad no tiene miedo, ya que no hay su manifestación conductual?. ¿Y qué diremos de las conductas emotivas de los actores o cuando finjimos tener una emoción que no tenemos? ¿diremos que tenemos una emoción en esos casos?.

Debates. Sobre la conducta emotiva podemos volver a plantear de nuevo algunos de los debates que aparecían en el tema de la motivación. En primer lugar, podemos considerar hasta qué punto las conductas emotivas –y sus correspondientes correlatos psíquicos como experiencia emotiva- no son sino reflejos incondicionados; ante un determinado estímulo (del que el sujeto, por cierto, sería consciente como objeto intencional), el sujeto reacciona con un reflejo innato que constituye una reacción de utilidad biológica ante una amenaza o un incentivo que encuentra en la realidad; por ejemplo, ante una amenaza en la realidad, se siente miedo, y se huye, que se supone que es la conducta más eficaz en ese momento para eludir la amenaza. Ahora bien, la cosa no está tan clara; y es que resulta un tópico contraponer la emoción a la razón, ya no sólo en el sentido de que puedan proponerse fines distintos, sino que pueden ser dos formas distintas de intentar conseguir un mismo fin. La utilidad biológica en el caso humano, así, llevaría al sujeto a adoptar conductas racional-instrumentales, en vez de unas conductas emocionales a las que se puede motejar de ineficaces y desordenadas. Y en ésta dirección, las emociones y sus conductas subsecuentes serían algo que el sujeto humano debe intentar controlar estoicamente. A toda ésta discusión se añadiría la discusión clínica sobre distinguir entre estados afectivos normales y estados afectivos patológicos; desde luego, un estado afectivo patológico no puede ser considerado como una conducta biológica adaptada.

[...] Pero dejando al margen el debate de si las conductas emotivas son adaptadas o no biológicamente, los autores suelen coincidir en considerar innatas las conductas emotivas. Así, Darwin consideraba que las conductas emotivas eran vestigios atávicos de determinadas maneras de expresar las emociones que tenían las especies en el pasado: así, por ejemplo, el enseñar los dientes de una persona que está furiosa.

Max Scheler. Max Scheler aporta la siguiente clasificación:

  • Emociones sensibles, las más íntimamente ligadas a las sensaciones: dolor, placer, homigueo, etc
  • Emociones vitales: sentimiento de bienestar, malestar, de salud o de enfermedad, de vida ascendente o descendente, etc.
  • Emociones psíquicas o anímicas: tristeza, alegría, melancolía,...se caracterizan por ser más claramente intencionales que los otros y su dependencia de la voluntad es mayor que en los casos anteriores.
  • Emociones espirituales: felicidad, beatitud, desesperación, remordimiento, paz interior,...en ellos, la persona no se entrega a nada ajeno, sino que constituye su valor y fundamento y se encuentra consigo misma en cada una de éstas manifestaciones.

Clasificación de Young

  • Sentimientos simples: de agrado-desagrado, asociados con olores, sabores, y otras estimulaciones sensoriales.
  • Sentimientos orgánicos negativos, como el hambre, la sed o la fatiga, y sentimientos orgánicos positivos, de alivio o gratificación, tales como los de satisfacción corporal al aplacar la sed, el sexo, el bienestar, etc.
  • Sentimientos de actividad, equivalentes a los apetitos alimentarios, sexuales, y a las necesidades eliminatorias. Young incluye también en este apartado otras formas algo más difusas, tales como el interés, las aversiones, aburrimiento, enojo, entusiasmo, resentimiento, etc.
  • Sentimientos y actitudes sociales, esto es, basados en la educación, de tipo estético, moral, religioso, etc.
  • Estados de ánimo de cierta persistencia, como la alegría, la tristeza, la ansiedad, etc.
  • Afecciones patológicas, como la depresión, la manía, la agresividad psicopática, etc.
  • Emociones de miedo, furia, risa, llanto, excitación sexual, agonía, etc.
  • Rasgos temperamentales, más estables que los estados de ánimo y las emociones, tales como el neuroticismo, la introversión y en general los tipos y factores que estudia la psicología de la personalidad.

Messer. Messer los clasifica en materiales y espirituales. Los primeros no se llaman así porque tengan que ver con alguna realidad material, los llama así porque se refieren a intereses personales y son más objetivos y más delimitados que los formales. En ellos incluye, por ejemplo, el honor, la vanidad, la confianza y el amor. En los segundos está el éxito, la esperanza, el desengaño, la duda, etc.

Leersch. Lersch distingue tres tipos diferentes de sentimientos: Vitales: placer, dolor, alegría, tristeza, aburrimiento, etc. Individuales o del yo: egoísmo, altruismo, supervivencia, venganza, etc. Transitivos o sociales: éticos, espirituales, etc.

Wundt. Wundt elabora también una clasificación tripartita, considerando a los sentimientos como estados que se mueven entre tres pares de fuerzas: placer-displacer, excitación-tranquilidad, tensión-relajación.

Goleman. Goleman (1999) propone la siguiente clasificación exhaustiva de emociones:

  • Ira: rabia, enojo, resentimiento, furia, exasperación, acritud, animosidad, irritabilidad, hostilidad, odio, violencia.
  • Tristeza: aflicción, pena, desconsuelo, pesimismo, melancolía, autocompasión, soledad, desaliento, desesperación, depresión.
  • Miedo: ansiedad, aprensión, temor, preocupación, consternación, inquietud, desasosiego, incertidumbre, nerviosismo, angustia, susto, terror, fobia, pánico.
  • Alegría: felicidad, gozo, tranquilidad, contento, beatitud, deleite, diversión, dignididad, placer sensual, estremecimiento, rapto, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis, manía.
  • Amor: aceptación, cordialidad, confianza, amabilidad, afinidad, devoción, adoración, enamoramiento, ágape.
  • Sorpresa: sobresalto, asombro, desconcierto, admiración.
  • Aversión: desprecio, desdén, displicencia, asco, antipatía, disgusto, repugnancia.
  • Vergüenza: culpa, perplejidad, desazón, remordimiento, humillación, pesar, aflicción

Reeve. Reeve (1996) analiza así las emociones que él considera fundamentales:

Emoción Explicación
Miedo se genera ante la percepción de un daño o peligro físico o psíquico. Los estímulos asociados al daño generan la respuesta condicionada de miedo.
Angustia generada por la pérdida de alguien o algo querido, o el fracaso en una actividad emprendida. El dolor también genera angustia. La presencia de la angustia motiva a la persona a actuar de manera que se regrese al estado anterior a su aparición. Cuando eso no puede ocurrir, como cuando muere un ser querido, si la angustia permanece da lugar a la aflicción. Si la angustia persiste, puede desembocar en depresión dolorosa.
Alegría surge del alivio de un dolor físico o psicológico, de acontecimientos positivos o de hechos que reafirman el sentimiento de autovalía.
Rabia se genera al ver sometidos a control o impedidos nuestros deseos. Es potencialmente la emoción más peligrosa, ya que se propone destruir aquello que la genera.
Asco supone una huida o rechazo ante determinados objetos o situaciones. Funcionalmente la persona asqueada está dispuesta a eliminar estos objetos o presenciar situaciones similares.
Interés acontecimientos en el entorno, el deseo de aprender, etc ponen en marcha nuestro interés. Motiva conductas de exploración desde el punto de vista del entorno y del campo del pensamiento.

Principales teorías

⁃ Así emociones son: Experiencias, factores causales. ⁃ Relación con estados físiológicos, tanto a nivel cerebral como a nivel expresivo. ⁃ Transtornos emocionales ⁃ Hare: Psicópatas entre nosotros [cf. Withouth conscience]

  • Lisa Feldman Barrett, author of How Emotions Are Made. “If you combine the potency of social contact with the ambiguity that you get over text, it’s a really potent way to influence how somebody else is feeling, and what they’re thinking.” So when Stewart’s Maureen assumes an anonymous number is her deceased brother, it doesn’t feel ridiculous—it feels downright haunting.

Emoción e instinto.

  • La teoría filogenética de Darwin. Consideraba que las conductas emotivas eran vestigios atávicos de determinadas maneras de expresar las emociones que tenían las especies en el pasado (enseñar los dientes por una persona que está furiosa).⁠ En el pasado esto cumplía una función biológica precisa: mostrar al rival el poder dental que se tiene, y con el que se va a morder, y así quizás evitar la pelea. Actualmente, el ser humano tiene unas conductas agresivas distintas a la de morder pero la forma de expresión de la furia habría quedado, ya como mera forma de expresión simbólica. Pero Darwin consideraba que algunas emociones no podían explicarse en términos de utilidad biológica, sino que incluso eran contrarias a ella, mientras que en otros casos, Darwin habla simplemente de un exceso de actividad nerviosa del sujeto que ha de descargarse en forma de plus expresivo. [...] Defiende que las emociones tienen gran importancia para la supervivencia de los animales y el hombre. Están al servicio de sus funciones vitales: placer, defensa, cooperación, procreación, etc. Las emociones son señales comunicativas con el entorno, que se transmiten hereditariamente. Pueden ser expresadas y reconocidas por todos los miembros de una especie. Constituyen una serie de programas innatos, con una base genÈtica e instintiva, que se plasman de forma similar en todos los sujetos.
  • Katherin Bridges. Realizó estudios sobre la evolución del surgimiento de las emociones en los niños intentando demostrar que esa evolución emocional de los niños era constante y regular, lo que probaría que el desarrollo emocional y su manifestación en conductas emotivas sería algo innato en el ser humano.
  • Goodenough. Goodenough observó las expresiones faciales de miedo, furia, sonrisa, etc. de una niña de diez años, sorda y ciega de nacimiento, comprobando que eran prácticamente iguales a las de los niños normales, lo que de nuevo probaría su carácter innato-evolutivo.
  • También la etología humana de Eibl-Eibesfeldt apunta en la misma dirección.

Teorías de la experiencia emotiva

En éste epígrafe vamos a examinar algunos planteamientos que han querido centrarse sobre todo en la experiencia o conciencia emotiva de un determinado objeto intencional. Estos planteamientos arrancan de Wundt. Si bien Wundt pretendía investigar las emociones con un método introspectivo, no consideraba que las emociones en sí fueran el resultado de una introspección; dicho de manera más técnica: el objeto intencional de la conciencia emocionada no era la propia conciencia y sus estados. Así Wundt pretendía estudiar las emociones provocadas en el sujeto por la experiencia de los tics de un metrónomo. Lo que hacía era programar el métronomo a diferentes ritmos. Así, concluyó que toda emoción elemental debía poder situarse en un espacio de tres dimensiones; uno de los ejes de coordenadas era el del agrado/desagrado que había producido la emoción (distintos conjuntos de todos de metrónomo); otro eje de coordenadas correspondía a los extremos excitación/calma (ritmos rápidos o lentos de metrónomo); y el último, a los extremos tensión/relajación (espaciación mayor o menor entre golpes de metrónomo). Pero tampoco pensemos que podemos emocionarnos concentrados viendo algo, y sin ser conscientes de que nos estamos emocionando; desde luego, es imposible emocionarse sin darse uno cuenta de que se está emocionando. Toda emoción ha de ser, pues, conciencia de emoción. El problema y el matiz es que parece que tampoco cabe plantear esa conciencia de emoción como si fuera una mera constatación de que ‘algo me pasa’, como si constatase que me ha salido un grano en la mejilla, porque entonces quizás ese sujeto ya no estaría emocionado; parece, pues, que la emoción implica una particular implicación del sujeto. Podemos expresar esto de la siguiente manera: no basta que el sujeto esté conociendo algo del mundo exterior, o conociendo (quizás con asombro) algo que está brotando en sí mismo, sino que ambos conocimientos están fusionados en uno sólo, y además están unidos a un matiz de deseo del sujeto; en efecto, el sujeto susceptible de emocionarse sería un sujeto al que le importan las cosas que conoce, al que le afectan las cosas que ocurren en la realidad. Ya vimos en las teorís del incentivo que esto podía plantearse en términos de determinados fines que el sujeto se propone para sí mismo; en particular la vivencia psíquica del placer y la evitación del dolor. Magda Arnold ha planteado una teoría de las emociones en ésta dirección. Arnold plantea así que el orígen de la emoción está en la evaluación como beneficioso o perjudical de algo en el mundo exterior: la conciencia emotiva de algo sería pues una especie de conciencia valorativa de algo: como hemos indicado anteriormente, el conocimiento y el deseo fusionandose en una sóla conciencia. A partir de ahí, la emoción se puede convertir en un motivo para la acción: tendencia a las cosas que hemos valorado como buenas, y rechazo de las que valoramos como malas. Para Arnold, por lo tanto, las emociones no son reflejos, sino que en su orígen interviene el cortex, un cortex que recibe las percepciones del mundo exterior y las evalúa en función de los intereses o deseos del sujeto. El proceso que describe Arnold tendría los siguientes pasos: 1.-Percepción cognoscitiva de una situación, que es evaluada a nivel del cortex. 2.-De resultas de esa evaluación, el cortex envía señales a los centros del simpático y el parasimpático del hipotálamo, a partir de los cuales se desarrollan toda una serie de manifiestaciones fisiológicas correspondientes a esa evaluación-emoción. 3.-El sujeto también se hace consciente de estar emocionandose, porque al cortex le llegan las señales de esas manifestaciones fisiológicas, y en éste nivel se produce incluso una nueva evaluación, del estado emocional interno ésta vez, lo cual puede dar lugar a nuevas emociones (en éste caso, emociones sobre emociones). 4.-Los cambios fisiológicos son entendidos por Arnold como una preparación del organismo para intervenir en la situación con la conducta emotiva, conforme a la evaluación positiva o negativa que se ha hecho de ella. Por lo tanto, las emociones, lejos de ser un elemento que perturbe una lúcida y serena evaluación de una situación, sería un resultado de esa serena evaluación, y ayudaría a que el sujeto tome decisiones y actúe.

Wundt. Los planteamientos que han querido centrarse en la experiencia o conciencia emotiva de un determinado objeto intencional surgen con Wundt. Wundt pretendía investigar las emociones con un método introspectivo, pero no consideraba que las emociones fueran el resultado de una introspección. El objeto intencional de la conciencia emocionada no era la propia conciencia y sus estados. Así Wundt pretendía estudiar las emociones provocadas en el sujeto por la experiencia de los tics de un metrónomo. Lo que hacía era programar el métronomo a diferentes ritmos. Así, concluyó que toda emoción elemental debía poder situarse en un espacio de tres dimensiones; uno de los ejes de coordenadas era el del agrado/desagrado que había producido la emoción (distintos conjuntos de todos de metrónomo); otro eje de coordenadas correspondía a los extremos excitación/calma (ritmos rápidos o lentos de metrónomo); y el último, a los extremos tensión/relajación (espaciación mayor o menor entre golpes de metrónomo).

Pero tampoco pensemos que podemos emocionarnos concentrados viendo algo, y sin ser conscientes de que nos estamos emocionando; desde luego, es imposible emocionarse sin darse uno cuenta de que se está emocionando. Toda emoción ha de ser, pues, conciencia de emoción. El problema y el matiz es que parece que tampoco cabe plantear esa conciencia de emoción como si fuera una mera constatación de que ‘algo me pasa’, como si constatase que me ha salido un grano en la mejilla, porque entonces quizás ese sujeto ya no estaría emocionado; parece, pues, que la emoción implica una particular implicación del sujeto. Es decir, no basta que el sujeto esté conociendo algo del mundo exterior, o conociendo (quizás con asombro) algo que está brotando en sí mismo, sino que ambos conocimientos están fusionados en uno sólo, y además están unidos a un matiz de deseo del sujeto; en efecto, el sujeto susceptible de emocionarse sería un sujeto al que le importan las cosas que conoce, al que le afectan las cosas que ocurren en la realidad. Ya vimos en las teorís del incentivo que esto podía plantearse en términos de determinados fines que el sujeto se propone para sí mismo; en particular la vivencia psíquica del placer y la evitación del dolor.

Magda Arnold. Arnold plantea que el orígen de la emoción está en la evaluación como beneficioso o perjudical de algo en el mundo exterior: la conciencia emotiva de algo sería pues una especie de conciencia valorativa de algo: como hemos indicado anteriormente, el conocimiento y el deseo fusionandose en una sóla conciencia. A partir de ahí, la emoción se puede convertir en un motivo para la acción: tendencia a las cosas que hemos valorado como buenas, y rechazo de las que valoramos como malas. Para Arnold, por lo tanto, las emociones no son reflejos, sino que en su orígen interviene el cortex, un cortex que recibe las percepciones del mundo exterior y las evalúa en función de los intereses o deseos del sujeto. El proceso que describe Arnold tendría los siguientes pasos:

  1. Percepción cognoscitiva de una situación, que es evaluada a nivel del cortex.
  2. De resultas de esa evaluación, el cortex envía señales a los centros del simpático y el parasimpático del hipotálamo, a partir de los cuales se desarrollan toda una serie de manifiestaciones fisiológicas correspondientes a esa evaluación-emoción.
  3. El sujeto también se hace consciente de estar emocionandose, porque al cortex le llegan las señales de esas manifestaciones fisiológicas, y en éste nivel se produce incluso una nueva evaluación, del estado emocional interno ésta vez, lo cual puede dar lugar a nuevas emociones (en éste caso, emociones sobre emociones).
  4. Los cambios fisiológicos son entendidos por Arnold como una preparación del organismo para intervenir en la situación con la conducta emotiva, conforme a la evaluación positiva o negativa que se ha hecho de ella. Por lo tanto, las emociones, lejos de ser un elemento que perturbe una lúcida y serena evaluación de una situación, sería un resultado de esa serena evaluación, y ayudaría a que el sujeto tome decisiones y actúe.

Teorías de la conducta emotiva

Otras teorías consideran que el objeto intencional de la conciencia emocionada no es nada externo al sujeto, sino que es el propio sujeto. Para William James, que se oponía a Wundt, el sujeto se emocionaba porque percibía sus propias conductas emotivas. Dicho con sus palabras: «no lloramos porque estamos tristes, sino que estamos tristes porque lloramos». El sujeto es consciente de sus conductas, y esa autoconsciencia es la experiencia emotiva. Como James insistía sobre todo en la conducta emotiva, eso daba a su teoría una posible prolongación ética: para James, como para los antiguos estoicos, hay emociones malas, perturbadoras, desequilibrantes; pero si las emociones son fruto de una determinada conducta emotiva, entonces si queremos librarnos de una emoción mala decidamos comportarnos en una dirección opuesta al comportamiento propio de esa emoción; y es que el bueno de James siempre tuvo una preocupación ética, de dirección de la propia vida, y creía en el libre albedrío del sujeto; éste planteamiento recuerda al de aquella frase de Pascal: “actúa como si creyeres, y acabarás creyendo”. James lo expresaba así:

“No hay precepto más valioso en la educación moral, como saben todos quienes poseen experiencia, que el siguiente: si deseamos dominar tendencias emotivas poco deseables en nosotros mismos, deberemos con asiduidad, y al principio con sangre fría, realizar las manifestaciones externas de las disposiciones contrarias que prefiramos cultivar” (¿Qué es la emoción?)

Pero si James aún pensaba que el sujeto podía hasta cierto punto decidir deliberadamente sus conductas (emotivas), J. Lange dio la versión de éstas ideas no ya en términos de conducta emotiva, sino en términos de reflejos fisiológicos. Así, para Lange, la emoción sería la autoconciencia por parte del sujeto de los fenómenos fisiológicos emotivos que se están produciendo en él. La emoción quedaba entonces reducida a una interocepción pasiva e impotente de lo que le pasaba a mi cuerpo; era, como en las teorías homeostáticas, la traducción psicológica de determinadas reacciones fisiológicas. Las declaraciones del sujeto de un objeto intencional de la emoción se descartaban; no se consideraban las emociones como posible motivación para la acción; y tampoco quedaba comprensible la posibilidad de hablar de emociones buenas y malas, normales y patológicas.

Conductistas. Los conductistas iban un paso más allá y la vivencia psicológica de la emoción se reducía sin más al reflejo fisiológico; la emoción respondía así perfectamente al esquema E-R. Así, para Watson, estudiando a niños, llegó a la conclusión de que había tres tipos de reflejos emotivos incondicionados o innatos: miedo, cólera, amor. Los estímulos incondicionados que los provocaban podían ser: pérdida súbita de los puntos de apoyo del cuerpo, ruidos estrepitosos, limitación de la libertad de movimientos o caricias en las zonas sensibles del cuerpo. A partir de los reflejos emotivos básicos, y por condicionamiento, se irían adquiriendo y diferenciando las restantes emociones [¿nota 2?].

Cannon. Una de las teorías neurofisiológicas de la emoción que se propuso en dirección es la teoría talámica de Cannon, que se contrapone a la de Arnold. El proceso seguiría, para Cannon, los siguientes pasos:

  1. Percepción de una situación. Los estímulos pasan a través del tálamo hacia el cortex (pero el lugar donde se genera la emoción no es una evaluación en el cortex, sino en el tálamo).
  2. El tálamo no puede empezar a desarrollar la emoción hasta que el cortex ‘no le de permiso’, cosa que se produce cuando al cortex llega la percepción de una situación emocionante; esa percepción no genera que el cortex haga una evaluación, sino que lo que produce es que el cortex desinhiba al tálamo, que puede empezar entonces a desarrollar la emoción.
  3. El tálamo provoca una serie de manifestaciones somáticas. Los datos de esas manifestaciones son a su vez captados por el cortex (vemos pues: teoría de Lange), que confiere definitivamente a esas manifestaciones la cualidad vivencial de emoción.

El cortex recibe señales excitatorias a dos niveles: (1) percibe una situación externa y libera la acción del tálamo y (2) percibe una situación interna de emoción. El cortex sólo tendría la vivencia de emoción en el segundo punto. Cannon en cambio pensaba que el segundo punto era subsidiario, que lo en verdad creaba la vivencia de emoción en el cortex era el primer punto. La diferencia crucial con la teoría de Arnold es que Arnold sitúa el orígen de la emoción en el cortex y Cannon en el tálamo. La idea de que el cortex se limita a cumplir una función de inhibición del tálamo la apoyaba Cannon en los experimentos de furia simulada en gatos descorticados, de Bard y Sherrington 1.

Marañón ha probado, experimentando con adrenalina en seres humanos, que las emociones inducidas terminan teniendo un aire irreal, como si fueran representaciones teatrales, incluso para el propio sujeto que las ejecuta. Ni el experimentador ni el sujeto se pueden creer una supuesta ‘emoción’ provocada por intervención en el cerebro o por drogas: lo que vendría a probar la importancia que tiene para la generación de la emoción la existencia de un objeto intencional emocionante. La teoría de Cannon choca con algunas dificultades; ante todo, el hipotálamo carece de las conexiones sensoriales y corticales que la teoría requiere; además, los gatos descorticados no reaccionan emocionalmente a todo, como se supone que deberían hacer conforme a la teoría de Cannon, con un tálamo totalmente liberado a su antojo; y se pueden inducir furias simuladas estimulando determinadas zonas del cortex.

Otras teorías

Teorías conductistas. Para el modelo conductista habría tres emociones básicas e innatas (miedo, cólera y amor); a partir de ellas y mediante condicionamiento se irían adquiriendo y diferenciando todas las restantes emociones. Habría, además, otras vías para a adquisición de emociones: el aprendizaje por observación; el modelado (ciertas emociones se pueden inducir artificialmente en las personas a partir de un entrenamiento gradual); el aprendizaje vicario (mediante la identificación con personas significativas es posible llegara experimentar emociones semejantes a las que el otro siente); el condicionamiento corporal y temporal (si en determinada Època del año u hora del día, se ha experimentado una sensación muy intensa y alarmante de tristeza, cuando vuelven a producirse condiciones similares a aquellas, vuelve a desencadenarse la emoción de tristeza sin causa externa alguna que lo justifique).

La teoría psicofisiológica. Propuesta por W. James y J. Lange. Una emoción es aquello que se expresa. Interpretamos cuál es la emoción experimentada a partir de la expresión facial y de los cambios orgánicos y viscerales que se han producido. Esto es: íno lloramos porque estamos tristes, sino que estamos tristes porque lloramosî. La emoción no está causa [...] James-Lange (1884-1885). — El organismo reacciona primero. Sólo después de la activación fisiológica y de cierta reflexión sobre la misma es posible experimentar subjetivamente la emoción

Teorías endocrinas. Consideran que las emociones vienen determinadas por los cambios neuroendocrinos en el organismo.

Las teorías dinámicas. Atribuyen las emociones y reacciones afectivas a impulsos de naturaleza pulsional.

Schacter y Singer. Teoría bifactorial de la emoción. Recogen las anteriores y hablan de retroalimentación

Experimentos de Wallace y Goldstein. Inyección de adrenalina. Diversa información sobre los efectos y exposición a diversos estímulos (ofensivos u alegres) → Los sujetos identificaron la activación fisiológica según la información que recibieron. Sesión III. Diferencia entre emoción y sentimiento. Amor

Hatfield y Rapson. Identificaron dos clases de amor: amor pasional y camaradería. Dicen que tenemos desde la infancia un modelo o esquema mental que se forja en los primeros años y se va adaptando a vivencias. Gestión de la emoción

Influencia de la cultura

En la exteriorización de las emociones y sentimientos influyen factores de variada índole, entre los que destacan los siguientes: genéticos, educativos y culturales.

  • Desde el punto de vista hereditario hay que distinguir entre los comunes a la especie humana y los que son exclusivos de un individuo. Cuando estamos irritados, fruncimos el ceño y apretamos los dientes; cuando sentimos un miedo intenso, se nos eriza el vello. Estas reacciones no son exclusivas de una sola cultura se dan en todos los pueblos de la tierra. Lo mismo sucede con la risa, el llanto, etc. Estos tipos de conducta son, pues, reflejos y su origen está en el desarrollo evolutivo del ser humano.
  • las características hereditarias individuales también influyen en su afectividad, definen la predisposición personal a emocionarse con mayor o menor facilidad y a decantarse hacia unos u otros comportamientos afectivos. Pero la carga genética se completa con la influencia del medio ambiente. La educación recibida juega un importante papel y la historia personal influye notablemente en el conjunto de nuestras reacciones emotivas. Según se hayan reforzado unas u otras conductas aumentará o disminuirá su repetición en el futuro.
  • Asimismo, la cultura y la historia de cada sociedad condicionan mayoritariamente la expresión de nuestros sentimientos.

Emociones y motivación

La emoción es un suceso subjetivo, que vive una sola persona. Se trata de algo relativamente involuntario, aunque puede provocarse o moularse a través del pensamiento, es decir, tampoco es solo respuesta a estímulos ambientales. una persona puede influir voluntariamente en sus sentimientos.

Por otro lado una emoción no describe o se refiere a un objeto (como el caso de un pensamiento, una percepción o un recuerdo, en los que se puede distinguir el acto mental y el objeto al que se refiere). Las emociones nos sirven para conocernos a nosotros mismos más que para conocer a los demás.

Hay afectos positivos y negativos, pero no neutros (la apatía no es un afecto distinto), pero se considera que es posible sentir afectos o emociones o contrarias (sentimientos ‘encontrados’, especialmente en situaciones complejas). Podemos distinguir varios tipos

Emoción y motivación. Las emociones se han entendido también como una disposición a actuar. El problema aquí es el de restringir lo que ha de entenderse por conducta, ya que el término podría abarcar tanto las acciones intencionales, como la conducta expresiva de una emoción, las conductas innatas, los reflejos, hábitos, etc. Para que una teoría fuese distintivamente conductista habría que suponer que la conducta no incluye acciones intencionales. Por otro lado, si la teoría incluye no sólo las manifestaciones conductuales efectivas sino también las disposiciones a actuar, otra dificultad a resolver será la de fijar las condiciones en las que han de actualizarse dichas disposiciones. Una pregunta pertinente sería la siguiente: ¿qué nos permitiría caracterizar cierta conducta como propia del miedo sin que haya objeto alguno que se perciba como peligroso o dañino? Y, si alguien siente miedo frente a algo que considera peligroso, pero no se comporta adecuadamente, øtendríamos que concluir que no tiene miedo? Será un problema fijar lo que debería entenderse por la conducta íadecuadaî. Una posibilidad sería decir que se trata de la reacción estadísticamente normal, pero la reacción estadísticamente más frecuente no es necesariamente la reacción adecuada.

Las teorías cognitivistas conceden un papel fundamental a los estados cognoscitivos, generalmente a las creencias, y pretenden que son Èstas las que nos permiten distinguir entre las diversas emociones. Sin embargo, sostener una teoría puramente cognoscitiva no sería lo adecuado para explicar las emociones. Así, creer que el perro rabioso que tengo enfrente me va a atacar no explica mi miedo, a menos que tenga tambiÈn un fuerte deseo de que no me ataque.

Trastornos

Muchos trastornos conductuales y psíquicos tienen su causa en una vivencia inapropiada de los afectos.

Estabilidad afectiva. Estabilidad afectiva el equilibrio que muestra un sujeto entre su disposición psíquica y su conducta afectiva externa sin que se produzcan disfunciones entre ellas. Una persona emocionalmente estable posee un buen nivel de confianza en sí misma y realiza conductas de socialización, integrándose plenamente en la convivencia grupal. Muchos trastornos conductuales se hallan por ello relacionados con la vida afectiva. Algunos de los más importantes son:

  • Indiferencia emocional. Respuestas débiles ante estímulos emotivos. En casos extremos, el sujeto es incapaz de emocionarse ante actos terribles o cargados de afectividad. Este estado se define por una inhibición de los afectos; las personas que lo padecen se muestran distantes y sin sentimientos, no emocionándose ni ante los acontecimientos externos ni ante las circunstancias dolorosas o placenteras de las personas que les rodean.
  • Dependencia afectiva. Se produce cuando una persona muestra ansias incontrolables por querer y ser querido. Se distingue del estado normal en que dicha persona lleva hasta el paroxismo ese deseo legítimo y natural. Puesto que se siente insegura, sufre crisis de angustia y miedo irracional ante el temor de perder el afecto de las personas que la rodean. Los celos o la obsesión por acaparar todos los afectos de la pareja son reacciones típicas de los dependientes afectivos.
  • Trastorno maniaco. El sujeto se encuentra en un estado de euforia y exaltación intensa, tiene un flujo de ideas en desorden; pero la sobreabundancia de energías no le conduce a nada, pues no puede conseguir fijar la atención en algo.
  • Trastorno depresivo. cuando los sentimientos de tristeza y pesimismo se vuelven constantes e incontrolados; conduce a falta de deseos de vivir, apatía, ideas de suicidio.
  • Trastornos maníaco-depresivos. Alternancia cíclica entre fases de hiperactividad y periodos depresivos. Quienes los padecen pasan de un estado afectivo a su contrario en cortos espacios de tiempo.
  • Descontrol emotivo. Caracterizado por una desproporción entre la respuesta emotiva y el estímulo causante de la misma. Se da una respuesta intensa ante un estímulo insignificante, o, por el contrario, apenas se reacciona afectivamente ante hechos emocionalmente significativos. {¿Posible relación con la imaginación? Con capacidad para encontrar relaciones entre las cosas.}

El control de las emociones no es fácil. En nuestra vida cotidiana, la afectividad ocupa un importante lugar por cuanto nuestra relación con el mundo físico y con la sociedad está impregnada de afectividad positiva o negativa. Las causas por las que ciertas personas u objetos nos producen atracción o repulsión obedecen a factores tanto genÈticos como ambientales. Así, cierto sentimiento de miedo puede ser provocado por una causa innata relacionada con el instinto de supervivencia o, al contrario, por una experiencia personal que nos dejó profunda huella y que condiciona nuestras respuestas temerosas cuando aparece de nuevo el estímulo que las desencadenó en su origen.

Inteligencia emocional

La inteligencia y las emociones están íntimamente ligadas en nuestra vida diaria. El test de inteligencia se ha ocupados de habilidades intelectuales, pero ha olvidado las habilidades emocionales. Se pueden dar casos de personas con elevado coeficiente de inteligencia, pero nulas habilidades emocionales, y a la inversa.

Daniel Goleman destaca los siguientes aspectos en la inteligencia emocional:

  1. Conciencia de las propias emociones. Esta toma de conciencia es la habilidad emocional fundamental. Sólo si somos plenamente lúcidos sobre nuestras emociones, podremos empezar a diseñar estrategias para cambiarlas si son emociones malas. El caso extremo de personas sin conciencia de sus emociones es la ‘alexitimia’: la incapacidad de saber qué es lo que se está sintiendo, y especialmente de explicarlo.
  2. Control de las emociones. Sophrosyne griega, templanza cristiana. Supone tener en cada momento la emoción adecuada con la intensidad adecuada. La capacidad de tranquilizarse, de disminuir y eliminar las emociones negativas es básica. Por ejemplo, las personas que controlan el enfado, aspecto fundamental en las relaciones humanas, elaboran estrategias como alejarse de la causa, ocupar sus pensamientos en otra cosa o intentar comprender la causa de la conducta que generó el enfado.
  3. Capacidad de motivarse a sí mismo. Otro aspecto es el control de las emociones al supeditarlas a la consecución de un objetivo. Ser capaz de demorar la satisfacción de impulsos es importante para llevar a cabo un proyecto a largo plazo. Se supedita la satisfacción de impulsos pasajeros al fin perseguido.
  4. Reconocer las emociones de los otros. El fundamento de unas buenas relaciones humanas está en la capacidad de sintonizar emocionalmente con los demás, en la empatía. No solemos expresar nuestros sentimientos verbalmente sino por medio de los gestos, tono de voz, etc. y no todos son capaces de leer estos mensajes. La empatía está ligada a los juicios morales. La empatía nos lleva a compartir la angustia de los que sufren o de quienes están desvalidos, y esto nos mueve a intentar ayudarles.
  5. Control de las relaciones. Cada sociedad tiene un consenso sobre las emociones que deben expresarse, cómo hacerlo y en qué circunstancias. Goleman escribe:

“Uno de ellos consiste en minimizar las emociones (la norma japonesa para expresar los sentimientos en presencia de una figura de autoridad que consiste en esconder el disgusto tras una cara de póker). Otro consiste en exagerar lo que uno siente magnificando la expresión emocional (una estrategia utilizada con mucha frecuencia por los niños pequeños que consiste en fruncir patéticamente el ceño y estremecer los labios mientras se quejan a su madre de que sus hermanos mayores le toman el pelo). Un tercero consiste en sustituir un sentimiento por otro (algo que suele tener lugar, por ejemplo, en aquellas culturas orientales en las que decir ‘no’ se considera de mala educación y en su lugar se expresan emociones positivas aunque falsas). El conocimiento de estas estrategias y del momento en el que pueden manifestarse constituye un factor esencial de la inteligencia emocional”

La distinción entre ‘conducta apetitiva’ y ‘conducta consumatoria’ está relacionada con la posible distinción entre ‘instinto’ y ‘reflejo’ 2.

Richter hizo experimentos más complejos con ratas: por ejemplo, ratas con el metabolismo alterado, que necesitaban agua salada para sobrevivir; el cerebro de éstas ratas canalizaba el hambre en esa dirección, pero si a las ratas se les seccionaban los nervios del gusto, eran incapaces de controlar su metabolismo, ya que por mucho que su cerebro les informase de la necesidad de beber agua salada, no tenían modo de saber cómo satisfacerla.

[...]

En particular, se han intentado clasificar las emociones en función de su expresión facial característica. Algunos autores incluso echaron mano de actores profesionales. También se ha intentado mostrar que éstas expresiones faciales humanas de emociones estarían en las misma dirección de las que tienen los grandes simios. Las técnicas que se utilizan en éstas clasificaciones son de tipo factorial, como las que se utilizan para intentar discriminar los factores en los que se descompone la inteligencia. Se supone que en el pasado esto cumplía una función biológica mucho más precisa: mostrar al rival el poder dental que se tiene, y con el que se va a morder, y así quizás evitar la pelea; actualmente, claro, el ser humano tiene unas conductas agresivas distintas a la de morder, la forma de expresión de la furia habría quedado, ya como mera forma de expresión simbólica. Darwin consideraba, no obstante, que algunas emociones no podían explicarse en términos de utilidad biológica, sino que incluso eran contrarias a ella. En otros casos, Darwin habla simplemente de un exceso de actividad nerviosa del sujeto que ha de descargarse en forma de plus expresivo. En fin, todo lo que los Blade Runner pretendían medir con los test Voight-Kampf en la película Blade Runner, para diferenciar a un ser humano de un replicante. Y eso sin tener en cuenta la posibilidad, verificada en los faquires hindúes, de la posibilidad de un dominio voluntario sobre determinados fenómenos fisiológicos. Aunque deberíamos ser más precisos: nadie sostiene que el objeto intencional de las emociones pueda ser la propia conducta o determinadas reacciones fisiológicas; porque el sujeto no se lo plantea conscientemente de esa manera cuando tiene una emoción. Lo que en realidad plantean éstas teorías es que debemos olvidarnos de lo que el sujeto pueda decir sobre su propia emoción y su objeto intencional, y plantear que la emoción es una mera sensación, sin objeto intencional; y que esa sensación, aunque el sujeto no sea consciente de ello, es fruto de la interocepción, de la autoconciencia del sujeto. El aprendizaje de emociones, por lo demás, puede seguir otros caminos: el aprendizaje por observación; el modelado (ciertas emociones se pueden inducir artificialmente en las personas a partir de un entrenamiento gradual); el aprendizaje vicario (mediante la identificación con personas significativas es posible llegara experimentar emociones semejantes a las que el otro siente); el condicionamiento corporal y temporal (si en determinada época del año u hora del día, se ha experimentado una sensación muy intensa y alarmante de tristeza, cuando vuelven a producirse condiciones similares a aquéllas, vuelve a desencadenarse la emoción de tristeza sin causa externa alguna que lo justifique).

Motivación

La motivación es la fuerza interna que impulsa nuestras acciones, orienta nuestras decisiones y da sentido a nuestros esfuerzos. Desde elegir una carrera profesional hasta levantarnos cada mañana para ir a clase, nuestros comportamientos están guiados por deseos, necesidades, metas y expectativas. En psicología, el estudio de la motivación nos permite comprender por qué actuamos como lo hacemos, qué factores influyen en nuestra perseverancia y cómo se relacionan nuestras emociones, pensamientos y conductas. A lo largo de este tema exploraremos distintas teorías que han intentado explicar este fenómeno —desde las propuestas humanistas de Abraham Maslow y su jerarquía de necesidades, hasta los enfoques cognitivos y sociales— para entender mejor qué nos mueve y cómo podemos potenciar una motivación saludable y eficaz en nuestra vida académica y personal.

En latín motus significa “movimiento”, “impulso” o “agitación”. Motivación es lo que nos impulsa a actuar de una manera. No hay organismo vivo que pueda permanecer impasible y sin hacer nada. Desde las acciones más elementales hasta los más elaborados cursos de acción, el sujeto actúa. Tenemos motivaciones simples (instintos) y complejas (sociales). La motivación explica las acciones de un organismo. «La motivación es el trasfondo psíquico, impulsor, que sostiene la fuerza de la acción y señala su dirección» (Dorsch, F., Diccionario de filosofía). Los psicólogos han intentado organizar y estructurar nuestras motivaciones, distinguiendo entre motivos primarios y secundarios.

Motivos primarios o naturales. Relacionados con la base natural o fisiológica. Suelen estar asociados a la supervivencia del organismo o de la especie. Hay muchos catálogos de motivos primarios. Los motivos primarios son de carácter biológico, comunes, por lo general a todos los individuos, e innatos, no son fruto de nuestra convivencia social; nos mantienen unidos al mundo animal. Autores como Young, Cattell o Madsen han elaborado listas sistemáticas de motivos primarios. Entre ellos se incluyen:

  • Hambre, sed, náusea, sed, necesidad de respirar
  • Descanso y sueño.
  • Evitación del dolor y el desagrado.
  • Excretorios (micción, defecación), bienestar térmico (evitación del calor y el frio excesivos)
  • Temor y cólera, fatiga, sueño, curiosidad, instinto social, retozo
  • Juego, retozo, sexo, impulso parental, crianza.
  • Escape (huida), atracción, adquisitividad, risa, pugnacidad, auto-afirmación, auto-denigración, gregariedad, curiosidad, constructividad, disgusto,
  • Necesidad de actividad, seguridad, agresión.

Motivos secundarios o sociales. En oposición a los motivos primarios se encuentran los secundarios; estos son de carácter social. De ellos depende el ejercicio de la vida civilizada y su autonomía funcional les hace susceptibles de reobrar sobre las necesidades biológicas más básicas, hasta el punto extremo de la anulación de la propia vida. Entre los principales motivos secundarios se encuentran la necesidad de afecto y de pertenencia a un grupo, la necesidad de sentirse acogido, de guardar la propia estima, la necesidad de autorrealización y de trascendencia. Nuestra vida afectiva se mantiene así en una íntima unidad con la motivación. No tienen un fundamento fisiológico, sino más bien psicológico, social o cultural y, por tanto, se puede considerar que hasta cierto punto son adquiridos. Los catálogos de motivos secundarios son más heterogéneos. Uno de los más conocidos es el de Maslow.

Relación entre motivos secundarios y primarios. Para Maslow los secundarios surgen cuando los primarios están satisfechos. Los motivos primarios van encaminados a la mera ‘vida’, mientras que los secundarios apuntan a la ‘buena vida’. Los motivos secundarios serían resistentes a la explicación homeóstatica: ya no se trata de mantener un equilibrio, sino de ‘ampliarlo’. Por otro lado, en ocasiones los motivos secundarios pueden oponerse a los motivos primarios hasta extremos dramáticos (el individuo puede llegar a preferir la muerte a conculcar unos valores en los que cree).

Algunos distinguen entre motivos secundarios de tipo afiliativo o altruista (necesidades de pertenencia a un grupo, de protección, de dependencia afectiva), y motivos secundarios de tipo egocéntrico o de status (dinero, dominio, prestigio profesional, autonomía y dignidad). La teoría más conocida sobre las motivaciones afiliativas es la del apego de Bowlby, que justifica la formación de vínculos afectivos en la vulnerabilidad del niño recién nacido y en la necesidad de constituirse su personalidad, lo cual se hace gracias a la ayuda del “útero social” o de la “urdimbre afectiva” que entreteje el grupo social. Esta necesidad de afecto se manifiesta en una serie de conductas: extraversión, sociabilidad, simpatía, capacidad de escucha, etc. Ahora bien, la necesidad de aproximarse a los demás viene acompañada de su contrapartida: la evitación del rechazo; por eso, para evitar el rechazo, se puede recurrir a restringir nuestro acercamiento a los demás: timidez, etc. En cuanto a las motivaciones egocéntricas son las contrarias: el deseo de destacarse por encima del grupo aún a costa de la soledad. Son necesidades de notoriedad, fama, prestigio, exhibición, etc.

Logro. Últimamente se ha insistido en la motivación del logro: la tendencia a definir las propias metas de acuerdo con una normas de alta calidad en la ejecución o el producto; estas autoexigencias serían las que han impulsado el desarrollo histórico de los pueblos.

Completar las tareas. También cabe mencionar experimentos clásicos de Zeigarnik y Ovsiankina sobre la tendencia humana a completar las tareas: aquellas tareas que no habían podido ser completadas se recordaban más que las completadas, lo que apuntaría a una tendencia del ser humano a dejar completas las tareas.

Notas


  1. Sherrington y Bard había observado que en gatos descorticados las caricias provocaban reacciones agresivas, en vez de agrado; Head había observado reacciones emocionales desmesuradas en personas con lesiones talámicas, lo que interpretaba como resultado de una debilitación del control del cortex sobre el tálamo; finalmente Hess mostró como determinadas estimulaciones en el hipotálamo podían provocar reacciones emocionales de furia gatuna. 

  2. Lorentz consideraba, no sólo que el ser humano puede desarrollar muy variadas y superiores maneras de conductas apetitivas conducentes a satisfacer las necesidades biológicas, sino que además el ser humano puede generar nuevos tipos de necesidades, más allá de las meramente biológicas, de tipo socio-cultural.