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Textos

M. Kundera | Querer el olvido

«Querer el olvido es un problema antropológico: desde siempre, el hombre sintió el deseo de reescribir su propia biografía, de cambiar el pasado, borrar sus huellas, las suyas y las de los demás. [...] La lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido». [Milan Kundera]

Piaget | La memoria de la infancia

Aún puedo ver, muy claramente, la siguiente escena, en la que creí hasta la edad de 15 años. A los dos años estaba sentado en mi cochecito, que era empujado por mi niñera en los Campos Elíseos, cuando un hombre intentó secuestrarme. Mientras yo estaba sujeto por la correa, mi niñera intentaba valientemente colocarse entre el ladrón y yo. Recibió varios rasguños, y aún puedo verlos vagamente en su cara. A continuación, se formó un corro de gente, se acercó un policía con su capa corta y su bastón blanco y el secuestrador huyó. Todavía puedo ver toda la escena, y situarla cerca de la boca del metro. Cuando tenía cerca de 15 años, mis padres recibieron una carta de mi antigua niñera en la que afirmaba haberse alistado en el Ejército de Salvación. Quería confesar sus faltas pasadas y, en particular, devolver el reloj que había recibido como recompensa a su valiente intervención. Había inventado toda la historia, fingiendo los rasguños. Esto indica que de niño debí oír el relato de esta historia, y proyecté en el pasado, en forma de memoria visual, lo que era la memoria de un recuerdo, pero falsa. Muchos recuerdos, que se tienen por reales, son indudablemente de la misma índole.

  • ¿Hasta qué punto podemos fiarnos de nuestros recuerdos?

Galeano | La memoria rota

«A finales del siglo XVII, los soldados de Napoleón descubrieron que muchos niños egipcios creían que las pirámides habían sido construidas por los franceses o por los ingleses. A finales del siglo XX, muchos niños japoneses creían que las bombas bore Hiroshima y Nagasaki habían sido arrojadas por los rusos. En 1965, el pueblo de Santo Domingo resistió durante ciento treinta y dos noches la invasión de cuarenta y dos mil marines norteamericanos. La gente peleó casa por casa, cuerpo a cuerpo, con palos y cuchillos y carabinas y piedras y botellas rotas. ¿Qué creerán, de aquí a un tiempo, los niños dominicanos? El gobierno no celebra la resistencia nacional en un Día de la Dignidad, sino en el Día de la Confraternidad, poniendo un signo de igual entre quienes habían besado la mano del invasor y quienes habían opuesto el pecho a los tanques.» [Eduardo Galeano, La escuela del mundo al revés]